jueves, 12 de diciembre de 2013

Un recuerdo para Ramón Resino


Conocí a Ramón hace años, durante un SAT ; en esa época, se hacía el trabajo de teatro en el SAT 2. Tuve la suerte de poder elegir entre dos grandes profesionales: Juan Carlos Corazza y Ramón Resino. Claudio – que entonces supervisaba todos los SAT´s, nos introdujo a ambos desde la perspectiva de que Juan Carlos era más Apolíneo y Ramón más Dionisiaco. Aunque debo decir que a lo largo del taller tuve la oportunidad de comprobar esta aseveración, le acabé dando la razón a Ramón cuando le contestó a Claudio que él, aunque inicialmente sí era muy Dionisíaco, al final trabajaba mucho desde lo Apolíneo. En todo caso,  esto no lo entendí hasta mucho tiempo después, en un viaje al desierto de Marruecos de la mano de Ramón.


La idea de irme al desierto surgió al coincidir con Ramón quince años más tarde, estando de ayudante en un SAT 1 y Ramón de terapeuta junto con Gineta  ¡qué pareja tan compenetrada! - Estar mano a mano con ellos dos fue una de las experiencias más enriquecedoras que recuerdo-  ¡En fin! En una de esas noches, Ramón me sugirió que me fuera con él a su viaje al desierto, junto con un grupo de brasileños alumnos suyos de Constelaciones. No me lo pensé, era todo tan fluido que solo quedaba dejarse ir.

Después de aquella experiencia en familia -  mi hija tenía solo ocho años y le sirvió como iniciación - pude comprobar la aseveración de Ramón de que él trabajaba también desde lo Apolíneo.

Nos levantábamos muy temprano para ir a meditar y era implacable con las medias tintas, o tenías compromiso o no lo tenías. Largas noches de frío me llevaron a entender la famosa frase de San Juan de la Cruz de “la noche oscura del alma”, que sin duda, también sería fría. Meditábamos también por la tarde, con el sonido de los jembes, a la puesta del Sol. En fin, Ramón fue de mentor al desierto con mucha gente, en esa búsqueda del Alma que es el Camino del héroe. Durante años ha estado organizando estos viajes que a nadie ha dejado indiferente. 

Antonia, su mujer, a la que mando desde aquí un abrazo cariñoso, le acompañaba formando una pareja poderosa, equilibrada, integrada, al servicio de los afortunados que pudimos disfrutar de su compañía y saber hacer.

Siempre me admiró la forma como Ramón trabajaba desde su rasgo; sacaba lo mejor de él y lo ponía al servicio del grupo, se entregaba totalmente a la experiencia y afloraba ese instinto poderoso y cariñoso que era para él casi una señal de identidad.

Ramón, tu legado está vivo en el espíritu de mucha gente a la que acompañaste. Siempre te tendré como referencia de lo que es un trabajo Dionisíaco y que, como tú decías, acaba siendo Apolíneo.

La Montera, su centro, continua su labor

Te mando un abrazo cariñoso,

Antonio Diaz Deus


1 comentario:

  1. que precioso
    me ayuda, me recuerda amor
    bella la palabra escrita que demuestra lo único inalterable y verdadero
    gracias Antonio
    y gracias a Ramón

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